La gestión del pensamiento

 En Desarrollo profesional

Uno de los aspectos más importantes en nuestro desarrollo profesional y personal, así como para desarrollar nuestro liderazgo, es la gestión de nuestros pensamientos. Y es que la mayoría de las veces a penas ponemos atención en ellos y de este modo dirigen frecuentemente nuestras acciones de un modo inconsciente. La mayoría de las veces vivimos ajenos a la realidad inmersos en nuestros propios pensamientos y además ¡no nos damos cuenta! En este sentido podemos decir que hay dos formas de vivir: una de ellas es ser consciente de cómo funciona nuestra mente y la otra es sin ser consciente de cómo ésta funciona. Y este segundo modo de vivir suele ser el más habitual.

De dónde surgen nuestros pensamientos

Los pensamientos surgen de nuestra mente. La mente está relacionada con el cerebro pero no es el cerebro. El cerebro sería la parte tangible y material, el órgano en sí, mientras que denominamos mente a la parte intangible que seguramente, y esto no está tan claro, surge del cerebro y genera nuestros pensamientos. Recordemos que los egipcios creían que el corazón era el órgano más importante donde se encontraba también el pensamiento.

En cualquier caso hoy podemos experimentar momentos de «no mente», de calma, de tranquilidad, donde el cerebro sigue ahí, pero la mente ha desaparecido. Seguro que te ha sucedido más de una vez, estar tan involucrado y absorto en lo que estás haciendo que realmente estás presente y en ausencia del pensamiento.

Tú no piensas, piensa tu cerebro

Lo primero que tenemos que entender es que la mayoría de los pensamientos que pasan por nuestras cabezas no son nuestros. ¿Cómo has dicho? Sí, lo que acabas de leer, que la mayoría de los pensamientos que pasan por tu cabeza no son tuyos, son fruto de tu mente, patrones de pensamiento que arrastras desde hace años y que muchas veces tienen que ver con tus creencias, ideologías políticas, sociales, religiosas o educativas. La mente, impulsada por el ritmo frenético en que vivimos nunca para de lanzar pensamientos, eso sí la mayoría de las veces ni nos damos cuenta de que esto sucede.

Pensamientos «pestañeo»

La mente lanza pensamientos de forma automática lo mismo que tu corazón bombea sangre. La mente genera pensamientos porque es su función y este proceso muchas veces es involuntario y tiene que ver con el tipo de información que ves, lees, escuchas, es decir que captas a través de tus sentidos. Por eso es tan importante nutrirse de información valiosa y que te aporte ideas inspiradoras que te ayuden a mejorar y a crecer personal y profesionalmente.

Estos son los pensamientos «pestañeo», muchas veces no sabes ni siquiera de dónde vienen y pueden resultar totalmente irracionales al igual que cuando despiertas después de un sueño al que no encuentras sentido o que relaciona cosas que en principio parecen no tener ningún tipo de conexión.

La única forma de hacerte consciente de ellos es practicando la auto-observación y así todo no podrás ser consciente de todos ellos porque requiere mucha capacidad de atención y un desgaste de energía que nuestro cuerpo no se podría permitir, salvo que te vayas a dedicar a estar recluido en un monasterio practicando meditación durante horas. Con saber que estos pensamientos existen y que están ahí puede ser un buen punto de partida para que no te creas todo lo que piensas.

Pensamientos basados en creencias

Los pensamientos basados en tus creencias que muchas veces también son automáticos son aquellos que se basan en creencias que nunca has verificado o no te has llegado a cuestionar. Si en un momento dado te han dicho que el agua fría quema y tú te lo has creído y nunca lo has verificado, jamás te atreverás a meter las manos debajo del agua fría por miedo a quemarte. Puede parecer un ejemplo tonto pero estoy seguro de que tú encontrarás ejemplos en tu vida con más sentido. Ideas y costumbres que se convirtieron en creencias, que aprendimos desde pequeños en la escuela, en la familia, en la comunidad religiosa, en el grupo de amigos… y que hicimos de ellas un ritual o un hábito que repetimos inconscientemente sin cuestionárnoslas.

Está bien que sepas que existen y que están ahí y que muchas veces están condicionando tu forma de pensar, de sentir y de comportarte. Piensa en la cantidad de cosas que has hecho y haces por los demás y la cantidad de cosas que has dejado de hacer también por los demás. Con que reflexiones sobre alguna de ellas es suficiente y nuevamente es un buen punto de partida para ser más consciente de tus decisiones y en base a qué pensamientos las tomas.

En conclusión, el noventa por ciento de tus pensamientos son inconscientes. Y el diez por ciento restante de tus pensamientos aunque pudiera parecer que surgen de nosotros de manera consciente, la mayoría de las veces tampoco es así, puesto que ahí aparecen patrones de pensamiento aprendidos fruto de nuestra socialización, educación, cultura, familia, etc. que hemos ido integrando y que muchas veces ni siquiera nos hemos cuestionado. Y así andamos la mayoría de los seres humanos por el mundo. ¿Sorprendido? Sí, la primera vez que lo lees se te quedan los ojos haciendo chiribitas durante un buen rato. Podríamos decir que tu mente y la mía «pestañea», al igual que los ojos, es decir lanza pensamientos y al igual que nos ocurre con el pestañeo de los ojos la mayoría de las veces no somos conscientes de ello.

La conclusión es que la mayoría del tiempo tú no piensas, piensa tu cerebro. Y lo hace con la misma naturalidad con la que tus pulmones captan el aire del ambiente o tu corazón bombea la sangre. La función de tu cerebro es pensar y está programado para ello y para ayudarte a sobrevivir físicamente.

En qué consiste la gestión del pensamiento

De este modo la gestión del pensamiento consiste en poner nuestra mente y nuestros pensamientos a nuestro servicio, en lugar de estar nosotros al servicio de ellos.

Según algunos experimentos científicos en un día normal podemos tener entorno a 60.000 pensamientos diarios y la mayoría de ellos son los mismos que el día anterior, y suelen ser negativos y a cerca del pasado y del futuro. Empezamos bien.

Ni que decir tiene que teniendo como punto de partida este tipo de funcionamiento, nuestros pensamientos, la calidad de lo que sentimos y las acciones vinculadas a nuestros pensamientos no pueden ser muy eficaces y desmotivan a cualquiera, pero tranquilo que la buena noticia es que podemos hacer algo para que esto no siempre sea así y podamos utilizar nuestra mente como una herramienta para poder gestionar nuestros sentimientos y nuestras acciones.

En primer lugar tenemos que entender que el cerebro es una parte más de nuestro cuerpo, ciertamente importante, muy importante, aunque también es cierto que quizá es el más sobrevalorado de todos nuestros órganos, porque como decía Woody Allen en su película Manhattan: «Nada que valga la pena puede ser entendido con la mente».

Aprende a elevarte por encima del pensamiento

Empecemos por el principio. A medida que uno crece va formándose una imagen mental de sí mismo basado en su socialización, su condicionamiento personal, familiar, profesional o cultural. A este yo imaginario lo llamamos ego. El ego es tu actividad mental y sólo puede funcionar mediante el pensamiento constante. Debes de aprender a elevarte por encima de tus pensamientos, observándolos, sin identificarte con ellos y sin enjuiciarlos para poder adquirir la capacidad de ver más allá de los conceptos puramente mentales.

«El pensamiento puede organizar el mundo tan bien que ya no eres capaz de verlo».

– Anthony de Mello

Sé que si es la primera vez que oyes hablar de esto te resultará extraño. Aún recuerdo la primera vez que leí en un libro: «tú no eres tus pensamientos». Me dejó absolutamente sorprendido y bastante bloqueado. Tuvo que pasar bastante tiempo hasta que realmente lo entendí. No era capaz de ver más allá de mis propios pensamientos porque la idea de que si yo no era mis pensamientos, entonces ¿qué era o quién era? He de reconocer que me resultaba realmente inquietante hacerme esta pregunta, a la vez que me generaba cierta incomodidad y un desmoronamiento de todas mis ideas o al menos de aquellas que hasta en aquel momento pensaba que eran mías.

Pero entonces ¿qué o quién soy? Eso es algo que tendrás que aprender a responderte a ti mismo. En el momento en que dejes de identificarte con tus pensamientos y tus ideas te darás cuenta de que solo eres aquello que observa tus ideas, el espacio donde tiene lugar el pensamiento, la emoción o la percepción sensorial. No te preocupes si aún no lo ves o no llegas a comprenderlo del todo. Si continuas investigando y auto-observándote llegarás a entenderlo, aunque después te resulte difícil de explicar a través de la mente y el lenguaje.

La libertad comienza cuando te das cuenta de que no eres «el pensador». En el momento que empiezas a observar al pensador, se activa un nivel de consciencia superior. Entonces te das cuenta de que hay un vasto reino de inteligencia más allá del pensamiento, y de que el pensamiento sólo es una pequeña parte de esa inteligencia. También te das cuenta de que todas las cosas verdaderamente importantes -la belleza, el amor, la creatividad, la alegría, la paz interna- surgen de más allá de la mente.

– Eckhart Tolle

La realidad es neutra

Establece el hábito de realizarte estas 2 preguntas frecuentemente:

  • ¿Qué estoy pensando?
  • ¿Qué significado le estoy dando?

Debes aprender a ser consciente de tus pensamientos. Separarlos de la situación, que es siempre neutra, y que siempre es como es. La realidad es siempre objetiva, carente de significado, somos nosotros quienes a través de nuestra mente la interpretamos y calificamos como justa o injusta, buena o mala en función de el lugar en el que hemos nacido o la «educación» que hemos recibido. Por eso ante una misma situación cada persona puede ver las cosas de una manera distinta.

Así por un lado está la situación y por otro tus pensamientos a cerca de la situación. En lugar de interpretar, juzgar o imaginar historias sobre la situación, quédate con los hechos objetivos que describen esa situación.

Enfrentarse a los hechos siempre te da poder y una mayor capacidad de respuesta. Si te quedas sólo con las interpretaciones a cerca de la situación, estos te provocarán unas emociones que desencadenarán unas elecciones, comportamientos, experiencias y emociones que te conducirán a un estado de alegría o tristeza en función de tus interpretaciones a cerca de la realidad y de tus creencias sobre la misma.

Así, gestionando nuestros pensamientos podemos gestionar nuestras elecciones, comportamientos, experiencias y emociones. Para conseguirlo debes ser consciente de los pensamientos que interpretan la situación, identificarlos y orientarlos en la dirección adecuada no dejándote influir por los pensamientos «pestañeo», ni por aquellos pensamientos adquiridos en forma de creencia. Puede parecer complicado pero mientras más observes tus pensamientos, tus juicios e interpretaciones y más practiques más fácil te resultará realizar el proceso.

«Todo el tiempo nos comportamos como si aquello que sentimos viniera generado por los demás. Sin embargo, una persona, un lugar o un objeto no tienen la capacidad de hacernos sentir. Sólo la idea que nuestro cerebro ha asociado a esa persona, lugar u objeto puede hacerlo. Así, un pensamiento no es un hecho sino una propuesta que nuestro cerebro lanza en base a nuestra experiencia pasada, nuestros objetivos futuros y en base a nuestra genética. La clave está en cómo nos relacionamos con esa propuesta que nuestro cerebro nos hace».

– David del Rosario

Dos grandes grupos de pensamientos

En un proceso de desarrollo profesional y liderazgo tenemos que ser capaces de reconocer qué tipos de pensamientos ocupan habitualmente nuestra mente y detectar cuándo estos son productivos y beneficiosos para nosotros y nos acercan a nuestros objetivos y cuando son improductivos y perjudiciales.

  • Pensamientos constructivos: Gracias a ellos evolucionamos, nos inspiramos y nos desarrollamos personal y profesionalmente. Nos hacen ser positivos en el presente y con vistas al futuro, nos ayudan a priorizar las cosas importantes, planificar y ejecutar en base a nuestras metas, ayudándonos a gestionar nuestro tiempo de un modo más eficiente. Son prácticos y útiles para poder alcanzar muchos de nuestros objetivos y materializar aquellos planes, ideas o negocios que queremos llevar a cabo.

Cuando tenemos pensamientos constructivos éstos nos hacen sentir satisfacción y generan sustancias químicas en nuestro cuerpo como la dopamina que nos ayuda a tener energía y un buen estado de ánimo.

Son pensamientos beneficiosos que nos aportan energía y vitalidad, estimulan nuestra mente y nos hacen estar más enfocados, orientándonos hacia un aprendizaje, creando unas conexiones neuronales que generan una energía favorable. Nos hacen sentir bien, con más seguridad, más confiados. Vemos más posibilidades, tenemos una perspectiva más amplia y nos permiten encontrar recursos para afrontar nuestros obstáculos.

  • Pensamientos destructivos: Son aquellos que aparecen cuando divagamos, damos muchas vueltas al mismo asunto, analizamos una y otra vez algo que ya pasó o pensamos en cosas negativas que podrían pasar en el futuro. Están fuera de la realidad, solamente son fantasías que están en nuestra mente.

Normalmente surgen de actitudes tipo: «Tendría que, debería de…». Surgen al pensar en el pasado o en el futuro, y estar poco en el presente. Nos lastran, no nos permiten avanzar hacia nuestros objetivos y nos restan mucho tiempo y energía. No nos conducen a ningún sitio y solo hacen que nos instalemos en la culpa, la queja o el victimismo si están relacionados con el pasado o en la intranquilidad, la incertidumbre o la ansiedad si tienen que ver con el futuro. Tienen un efecto negativo sobre nuestro cuerpo porque elevan el nivel de cortisol, la hormona del estrés, y nos hacen sentir mal.

Surgen cuando nos centramos solo en lo peor de nosotros e interpretamos la realidad de forma negativa. Empujados por ellos entramos en una espiral de negatividad que nos impide ver con claridad. Lo tiñen todo de negro y nos generan un malestar mental y emocional que somatizamos muchas veces en nuestro cuerpo físico.

Si en tu jardín han crecido malas hierbas, no importa lo positivo que te sientas hasta que no las arranques no van a desaparecer.

La mente es un instrumento muy poderoso si se usa correctamente, pero si no se usa adecuadamente la mente puede volverse muy destructiva. Aunque como hemos visto no se trata tanto de si la usas equivocadamente o no, sino que por lo general ella te usa a ti inconscientemente.

Lamentablemente, como hemos visto la mayoría de nuestros pensamientos son automáticos, basados en creencias y muchas veces destructivos, lo que implica que estemos negativos, nos bloqueemos, tengamos miedos, estrés, ansiedad y pocas perspectivas favorables hacia el presente y hacia el futuro.

Beneficios de gestionar adecuadamente nuestros pensamientos

Si conseguimos ser conscientes de estos pensamientos destructivos que nos lastran y no nos permiten avanzar y somos capaces de transformarlos poco a poco en pensamientos constructivos y beneficiosos para lograr nuestras metas, estaremos creando las condiciones idóneas para afrontar nuestros objetivos con mayor eficacia y confianza.

Piensa en los beneficios que conlleva la gestión de tus pensamientos en tu día a día: pasar del “no soy capaz de sacar este proyecto adelante”, “no estoy preparado para hacerlo”, “me va a salir mal”, ”¿y si no lo consigo?”… al “estoy capacitado para hacerlo y me he preparado para conseguirlo”, “voy a poner en practica lo que he aprendido y lo voy a hacer lo mejor que sé”, “va a ser una buena reunión y vamos a sacar cosas positivas para seguir mejorando nuestra cooperación y conseguir mejores resultados”…

Observar nuestros pensamientos destructivos para convertirlos en constructivos será una estrategia clave para desarrollarnos tanto a nivel personal como profesional.

Recuerda que la mayoría de las veces nosotros no elegimos nuestros pensamientos, por lo que es necesario empezar a ser conscientes cada vez más de la mayor parte de los pensamientos que pasan por nuestra cabeza, algo que podemos conseguir con entrenamiento diario para que nuestros pensamientos sean realmente nuestros, jueguen a nuestro favor y sean fuente de inspiración, bienestar y energía para nosotros.

Prestar atención a nuestro diálogo interno y aprender a gestionar nuestro pensamiento es una parte esencial en un proceso de Coaching Ejecutivo. La mente divaga y la mayoría del tiempo está perdida en sus propios pensamientos perdiéndose el momento presente y reduciendo tu capacidad de atención y concentración. Darte cuenta de esto es ya en sí mismo un buen punto de partida para comenzar a gestionar tu pensamiento de un modo más eficaz.

Esperamos que después de leer este post te comprometas a dedicar un rato todos los días a observar cómo estás gestionando tu pensamiento. Hacerlo será una gran inversión para el logro de tus objetivos, mejorar tu productividad, la relación con los demás y tu bienestar personal y profesional. Y recuerda: ¡Todo es cuestión de hábito y entrenamiento!

Si quieres trabajar éste y otros muchos aspectos que te permitan mejorar tu vida, tu negocio y tus resultados no dudes en contactar con nosotros y te ofreceremos el mejor plan de desarrollo personal y profesional para ti y al mismo tiempo te daremos las claves para mejorar los resultados de tu negocio a través de herramientas contrastadas que funcionan y aumentan tu productividad, tu satisfacción y motivación profesional.

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