Examina tus creencias

 En Desarrollo personal, Desarrollo profesional

¿Funcionas desde creencias que has verificado? ¿Estás seguro? Una de las cosas más discapacitantes para los seres humanos son sus creencias. Creencias de todo tipo: sobre nosotros mismos, sobre las relaciones, sobre el amor, sobre el sexo, sobre el trabajo, sobre la alimentación, sobre la religión… Estamos llenos de creencias. Creencias que la mayor parte de las veces dirigen nuestras vidas de modo inconsciente.

«¿En qué medida tu mundo está construido por historias que no has examinado?»

Byron Katie

Hoy te proponemos que revises tus creencias porque por experiencia sabemos que pueden llegar a ser muy limitadoras pudiendo incluso incapacitarte para vivir una vida auténtica, plena y saludable.

Nos lo hemos creído todo y la mayor parte de las veces no hemos puesto en cuestión muchas de nuestras propias creencias. Cuando nacemos, nacemos como una hoja en blanco, sin creencias, sin condicionamientos. Sin embargo a medida que vamos creciendo vamos adquiriendo en función de nuestras propias experiencias creencias de todo tipo. A esta etapa algunos autores la denominan la etapa de la inocencia. Ser inocente significa tener ausencia de creencias, de condicionamientos mentales.

La segunda etapa es la de la ignorancia. Ignorancia no significa falta de inteligencia, ignorancia significa tener creencias absurdas y limitantes a cerca de muchos aspectos de la vida. La mayor parte de las personas permanecen en esta etapa durante mucho tiempo, incluso algunas se perpetúan en ella toda la vida cerrando la puerta a un mundo de posibilidades a las cuales ni siquiera llegan a ser conscientes porque «creen» que ya no tienen nada que aprender.

En la era del conocimiento y de la información estamos condenados a aprender y desaprender constantemente y ser un ignorante es una elección personal.

Dejamos de ser ignorantes cuando empezamos a cuestionar nuestras propias creencias y nos damos cuenta de cómo hemos sido condicionados y programados por nuestro entorno familiar, la educación, la cultura, la sociedad… en ese momento podemos reconocer que somos unos ignorantes. Reconocer que somos ignorantes y que estamos llenos de creencias que nos limitan y limitan nuestra vida puede llegar a ser muy doloroso para el ego que pensaba que ya lo sabía todo pero muy liberador por otro lado.

La tercera y última etapa es la de la sabiduría. Esta etapa es opcional y solo llegan a ella los que son lo suficientemente humildes como para reconocer que están llenos de creencias que no son suyas, a las cuales llevan aferrándose durante mucho tiempo. Creencias que no han verificado porque siempre les dijeron que las cosas eran así. Creer que sabes no es saber. Saber que no sabes, es el principio de la sabiduría.

Tratamos de encerrar la vida en una caja de certezas para lo cual las creencias nos ayudan y nos dan seguridad. Tenemos creencias de todo tipo sobre nosotros, creencias que no hemos verificado pero fruto de las experiencias vividas pensamos que son así, que somos así. La realidad es que podemos conseguir muchos más objetivos de los que pensamos e imaginamos pero como no nos lo creemos ni siquiera nos permitimos pensar en ellos.

Podemos conseguir muchos más objetivos de los que pensamos, pero nuestras propias creencias no nos dejan espacio para experimentarlo.

Te proponemos que en lugar de actuar en base a tus creencias funciones en base a tus propias experiencias y que compruebes si realmente son «verdad» o simplemente son creencias que te limitan y que hace mucho tiempo que no has cuestionado.

Una vez más no me creas nada porque sino te llenarás de más creencias, verifícalo como siempre a través de tu propia experiencia.

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