¿Es la felicidad tu prioridad? ¿Seguro?

 En Desarrollo profesional

La mayoría de las personas pensamos que la felicidad es nuestra prioridad, pero en realidad ¿es eso cierto? La vida y la gestión del tiempo tanto en el ámbito profesional como en el personal es cuestión de prioridades. Nadie está tan ocupado como para no tener tiempo para determinadas cosas porque lo cierto es que para las cosas que nos interesan o que consideramos importantes siempre encontramos tiempo.

Cuando trabajamos el tema de las prioridades con nuestros clientes la mayoría de ellos tienen claro en la teoría cuáles son los asuntos importantes en sus vidas. Sin embargo, paradójicamente pocos son los que dedican tiempo realmente a esos asuntos. Cuando decimos que la salud es lo más importante pero no dedicamos tiempo a realizar ejercicio físico, alimentarnos correctamente o a crear las condiciones apropiadas para mejorar nuestro estado físico y emocional, es obvio que algo falla. Lo mismo ocurre con la familia. Lo he escuchado muchas veces: «para mí es prioritaria mi familia», sin embargo cuando preguntamos acerca del tiempo que se dedica a la familia, la cosa cambia. La realidad es que muchas veces las personas prefieren estar «ocupadas» trabajando que dedicar tiempo a aquello que supuestamente es importante para ellas. Ya sabemos que el trabajo es una de las mejores excusas para casi todo porque socialmente dedicar muchas horas al trabajo está bien visto.

La realidad es que muy pocas personas tienen como prioridad la felicidad y el bienestar en sus vidas, en sus trabajos o en sus relaciones. ¿Cómo dices? No me lo creo, yo creo que todo el mundo quiere ser feliz. Pues sí, aunque resulte extraño las personas preferimos tener razón, la aprobación de otros, el prestigio profesional y social, ser diferentes a los demás, que nos quieran… Así, el bienestar interior y la felicidad es prioridad de muy pocos.

Pero ¿qué es la felicidad? La felicidad es una palabra maltratada por nuestra sociedad. Muchas veces llamamos felicidad a cosas como la alegría, el placer, la euforia… cosas que realmente no son más que emociones puntuales y pasajeras. En nuestra cultura del consumo utilizamos éste para generar un bienestar que simplemente nos aporta cierta satisfacción transitoria y que a menudo tapa nuestras frustraciones e insatisfacciones, a pesar de que sabemos que pasado un tiempo ese bienestar fugaz, esa satisfacción efímera, se desvanece porque en realidad no tiene nada que ver con la verdadera felicidad, auténtica y duradera.

Dicen que la felicidad es bienestar y que éste es ausencia de sufrimiento. Entendiendo por ausencia de sufrimiento la carencia de miedo, de inseguridad, de frustración, de malestar, tristeza… En realidad podemos seguir experimentando esas emociones pero hacerlo sin sufrimiento, porque solo son emociones.

La felicidad es algo interno. Esto lo hemos oído infinidad de veces pero aunque lo pensamos y lo decimos, la realidad es que no terminamos de creérnoslo del todo, simplemente porque ni siquiera nos aproximamos a nuestro interior por miedo a lo que nos podamos encontrar. Intuimos que encontraremos dolor, frustración, tristeza… Sin embargo, aunque resulte difícil encontrar ese bienestar interior dentro de nosotros, ya sabemos por experiencia que es imposible encontrarlo fuera de nosotros mismos.

En oriente la felicidad se concibe como una cualidad producto de un estado de armonía interna que se manifiesta como un sentimiento de bienestar que perdura en el tiempo y no como un estado de ánimo o emoción de origen pasajero como generalmente se la define en occidente. Así, hablan de felicidad incausada, que no depende de nada ni de nadie. Piénsalo, si tu felicidad depende de algo o alguien no es felicidad. La mayoría de las veces se va a traducir en inquietud, tensión, presión o temor por conseguir algo que se convertirá en frustración sino lo consigues y si en el mejor de los casos lo consiguieras, bien desaparecería esa sensación que llamas felicidad con el tiempo, bien sufrirías nuevamente por tu apego y el temor a perderlo.

«¿Quieres saber cuál es mi secreto? No me importa lo que pueda suceder»

Jiddu Krishnamurti

Así, la verdadera felicidad está dentro de cada uno de nosotros. Ese bienestar que tanto buscamos fuera está en nuestro interior, si nos atrevemos a descubrirlo y experimentarlo en nosotros mismos. No te lo creas sin más, atrévete a experimentarlo por ti mismo.

Pensar que la felicidad nos la van a dar las circunstancias es poner el foco fuera, en lo que tenemos, lo que hacemos o lo que los demás piensen de nosotros; es seguir dándole valor a lo de fuera y es estar a expensas de aquello que la mayoría de las veces escapa a nuestro control. Ahí perdemos todo nuestro poder porque se lo hemos entregado a algo ajeno a nosotros con lo que solo nos queda adoptar la postura del victimismo.

Desarrollarse personal y profesionalmente implica ir realizando cambios y transformaciones a estos niveles para poder alcanzar esa satisfacción y bienestar que todos estamos buscando o ¿acaso conoces a alguien que quiera ser infeliz? Empecemos por revisar nuestras prioridades, gestionar nuestro tiempo con respecto a ellas y a ponernos manos a la obra para cambiar nuestra forma de pensar, sentir y actuar para obtener resultados más satisfactorios en nuestros negocios y en nuestras vidas.

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