El noble arte de delegar

 En Coaching Empresarial, Desarrollo organizacional, Liderazgo, Management

Una de las competencias y habilidades que necesitas incorporar si estás al frente de un equipo o de un negocio es el arte de delegar. A muchas personas les cuesta delegar porque no confían en que determinadas tareas se hagan bien si no las hecen ellos mismos. Este temor está también muy relacionado con nuestro tipo de personalidad. Así, a una persona perfeccionista que busca que todo esté bajo control le va a costar más delegar. Sería la típica persona a quien si le preguntas: «¿Te ayudo?», te respondería algo así como: «Si quita, que ya lo hago yo». O bien delega con desconfianza y luego se pasa el día encima de la persona para comprobar si hace las cosas como él o ella cree que deberían hacerse. Esta persona se ha identificado con su personalidad y piensa que su modo de ver, entender y hacer las cosas es el modo correcto de ver y hacer las cosas. De este modo se hace dificil desarrollarse profesionalmente y hacer crecer el negocio.

LA IMPORTANCIA DE APRENDER A DELEGAR

Como empresario seguramente pienses que debes realizar un sin fin de actividades y tareas, y seguro que es verdad, pero date cuenta de que muchas de ellas pueden ser delegadas en otras personas de tu equipo, de forma que tú puedas emplear tu tiempo en aquellas actividades que requieran una mayor importancia como líder de un equipo y sean más productivas para ti y tu negocio.

El empresario que no delega suele ser víctima del placer que le provoca estar todo el día ocupado haciendo cosas y sentirse indispensable y responsable de que las cosas salgan bien. Una patología social muy extendida en nuestra sociedad es el hecho de buscar estar siempre muy ocupados o al menos parecerlo. Hay que reconocer que en nuestra cultura está bien visto estar muy ocupado y que el trabajo es la escusa perfecta para evadirnos de responsabilidades de cualquier otro tipo. Es como si en algún momento de nuestra vida hubieramos identificado el estar muy ocupados haciendo cosas con ser más valiosos como seres humanos. Este hecho, si lo observas detenidamente, no deja de ser una disfunción más, fruto de nuestra programación por parte de nuestra cultura y nuestra sociedad.

«No es signo de buena salud el estar bien adaptado a una sociedad profundamente enferma».

Jiddu Krishnamurti

Sin embargo, lo importante no es estar ocupado constantemente sino en qué estás ocupado. Esa es la reflexión que tenemos que hacer cuando somos responsables de una empresa. Una de las mejores cosas que puedes hacer por ti y por tu empresa es delegar, de lo contrario tus colaboradores percibirán que no confías en ellos. Y una de las cosas que hay que trabajar y promover en cualquier tipo de relación es generar confianza y seguridad. Si esto falla, las personas no se comprometen, las relaciones no son sólidas ni estables y generan una buena dosis de incertidumbre.

Cuando uno no se siente seguro y percibe que no se confía en él, es muy difícil que la persona pueda conectar con sus mejores recursos y habilidades para el desempeño de su trabajo. Seguro que es algo que has podido experimentar en algún momento en tu vida. Afortunadamente a lo largo de mi vida he tenido la suerte de contar a mi lado con algunas personas que han confiando en mí más de lo que yo muchas veces hubiera confiado en mi mismo. Y te puedo asegurar que eso ha marcado la diferencia en los resultados.

Cuando alguien confía en ti y te encomienda proyectos que tú ni siquiera sabes por donde hacerles frente pero te los encomiendan con la sinceridad y la absoluta confianza de que puedes realizarlos adecuadamente, uno termina asumiendo esa responsabilidad, hace suyos esos proyectos y estos salen bien porque uno los realiza con motivación y determinación. Cuando sucede lo contrario, el esfuerzo por relizarlos mengua, la motivación e implicación decae y uno hace las cosas por encima y para salir del paso porque sus recursos y sus capacidades para hacerlo están bloquedados.

Delega responsabilidades, no tareas

Delegar tareas a realizar y decir cómo hay que ejecutarlas resulta poco motivador. Siempre pongo el ejemplo de cuando alguien va a un dietista y éste le lanza sobre la mesa de la consulta un menú y le dice que lo haga y adelgazará. Obviamente la dificultad muchas veces no está en saber lo que hay que hacer, sino en ser capaces de hacerlo. Las cosas no funcionan de una manera tan sencilla, más que nada porque no somos máquinas, sino seres humanos.

En lugar de asignar tareas sin más, es mucho más motivador explicar a la persona a la que vas a delegar esa tarea el objetivo que se persigue y hay que hacer todo lo posible para que ese objetivo sea asumido y consensuado con el profesional en quién se delega. Y una vez consensuado y establecido el objetivo saber delegar la responsabilidad de hacerlo de la mejor manera que considere necesaria para logar dicho objetivo. Los resultados te pueden sorprender tanto como a la persona en la que has delegado dicha tarea y responsabilidad porque muchas veces se van a despertar en él o en ella recursos, capacidades y habilidades que hasta ahora no habían aflorado a la superficie porque el ambiente no había sido el adecuado para que surgieran. Trasladar responsabilidad a la hora delegar es en sí misma tremendamente motivador si lo hacemos de esta manera.

Delegar es una forma efectiva de elevarte tú y tu negocio al siguiente nivel pero también debes saber qué delegas, de qué modo y a quién. Después es imprescindible supervisar siempre lo que delega. Esa es tu función.

«Pocas cosas pueden ayudar más a un individuo que colocar responsabilidad sobre él, y hacerle saber que confías en él».

Booker T. Washington

Desarrolla tu empresa y tu negocio

Muchos responsables de negocios realizan infinidad de tareas operativas a lo largo del día y muchas veces algunas de esas tareas podrían ser delegadas en personas capacitadas dentro de sus equipos. Un empresario no puede estar todo el día pendiente de infinidad de tareas de todo tipo simplemente porque su principal función dentro de la empresa no es esa. El cometido de un líder es hacer que su negocio funcione, generando nuevas oportunidades y cerrando acuerdos comerciales interesantes para su empresa.

No delegamos porque no queramos trabajar sino porque nos damos cuenta de que aportamos más valor a la empresa realizando otras tareas. Todos realizamos tareas del tipo A, B y C. Por simplificar podemos decir que cuando realizamos las tareas A nuestra empresa gana mucho dinero. Cuando realizamos las tareas B gana algo de dinero y cuando hacemos las tareas C no gana dinero. Es de sentido común que las personas con más responsabilidad de generar negocio estén todo el día haciendo las tareas A y si no hay otro remedio las tareas B, pero nunca las tareas C. Las tareas C son aquellas tareas que aportan poco valor a la empresa. Quizá sean imprescindibles para el buen funcionamiento de la empresa pero no deben realizarlas las personas con mayor responsabilidad de generar negocio.

La idea es que te dediques a realizar aquellas tareas donde eres más rentable y aportas mayor valor para tu negocio. Delega en otras personas de tu equipo o empresas externas aquellas tareas en las que tú no puedas aportar mucho valor. Parece que tiene sentido, ¿no crees?

Desarrolla a tu equipo

Otra de las funciones de un gerente o empresario consiste en desarrollar a las personas que forman sus equipos de trabajo. Esto es fundamental para que el ambiente laboral sea adecuado y no nos encontremos con sorpresas de abandono o una rotación de personal demasiado elevada que no es beneficiosa para los planes de la empresa.

La mayoría de los empresarios que conozco dedican mucho tiempo a actividades de escaso valor para cumplir los objetivos de su negocio. Tiempo que podrían dedicar personas perfectamente capacitadas dentro de sus equipos y que podrían realizarlas incluso mejor que ellos pero como siempre las han hecho ellos ni siquiera se han planteado delegarlas.

Si no delegas estás impidiendo que tu equipo se desarrolle y seguramente eso se nota en su productividad y motivación, corriendo el riesgo de que tarde o temprano terminen abandonándote por un proyecto más motivador donde la persona que esté al frente les ofrezca la confianza que tú no le has sabido transmitir.

Te invito a que hagas un repaso con frecuencia de tu equipo y colaboradores. Con nombres y funciones. Que te reúnas de vez en cuando con cada uno de ellos y aprendas a mirarles a los ojos. Reflexiona sobre ellos y detecta el talento latente que aún no has sido capaz de sacar a la luz. Eso te hará crecer como persona y como profesional, y hará que mejoren los resultados de tu empresa y de tu negocio.

«El liderazgo es el arte de conseguir que alguien haga algo que tú quieres porque él quiere hacerlo».

Dwight D. Eisenhower

Desarrolla tu mentalidad como líder-coach y empresario

Dedica tu tiempo como empresario a desarrollar y hacer crecer tu negocio. Piensa más en cómo puedes desarrollar y hacer crecer tu negocio y seguir desarrollando a tu equipo para tener una empresa y un equipo más sólido, más estable y más profesional. El futuro inmediato va a ser bastante desafiante por lo que tendrás que dedicar bastante tiempo a pensar en cómo lo vas a afrontar.

Las mejores empresas se han dado cuenta que desarrollar las habilidades del líder-coach en las personas con responsabilidades en los equipos de trabajo es algo fundamental para obtener los mejores resultados. El líder-coach no es un líder directivo o autoritario en el sentido de «haz esto». Eso desmotiva a cualquiera. El líder-coach es alguien que pregunta: «tú cómo lo harías» y le permite expresarse, aportar su punto de vista, colaborar en la decisión de cómo hacerlo. En definitiva, le permite sentirse valorado, reconocido, protagonista del proceso y responsable del resultado.

Por tanto, según lo que estamos viendo, no se trata tanto de cuántas horas trabajas sino en aprender a delegar, supervisar y dirigir a tu equipo con eficacia. Dejar de realizar tantas tareas operativas y apoyarte en tu equipo. Si cuentas con un equipo preparado que es capaz de hacerlas ¿porqué te involucras tú tanto? ¿No les estás enviando el mensaje de que tú lo haces mejor que ellos? ¿De que no confías en ellos? y en definitiva, ¿de que no sabes cómo dirigir un equipo?

Por otro lado, si te dedicas tú mismo a apagar todos los fuegos que aparecen en tu negocio no tendrás tiempo para hacer crecer tu empresa y desarrollar a tu equipo de trabajo. Y si tu no eres capaz de tomar las riendas para dirigir tu negocio, ¿quién lo hará?

Genera mentalidad de líder-coach y empresario. Piensa en grande y sitúate desde un lugar más alto desde donde habitualmente lo sueles hacer para obtener una perspectiva más global y más amplia de tu negocio. Es muy difícil mejorar y hacer crecer tu negocio sino estás dispuesto a delegar.

Hazte cargo de tus miedos

Reflexiona sobre los motivos que tienes para no delegar. Date cuenta que detrás de muchos de esos motivos están tus miedos.

Estos suelen ser algunos de los motivos que más escucho:

  • «La calidad del trabajo disminuirá».

La calidad del trabajo no tiene porque disminuir si la tarea que se delega está perfectamente definida, establecidos y consensuados los procesos de actuación y es supervisada adecuadamente.

  • «Prefiero tener las cosas bajo mi control».

Querer tener todo bajo control lo único que te va a traer es más estrés, desconfianza y preocupación porque no confías en tus colaboradores.

  • «El equipo está ya muy sobrecargado».

Es común que los equipos de trabajo de las empresas competentes estén con carga de trabajo. Sin embargo, todo el mundo que está realizando profesionalmente su trabajo suele estar sobrecargado con lo cual el problema no está ahí sino nuevamente en la falta de confianza en el equipo o en el beneficio que estamos sacando personalmente dedicándonos nosotros a estar todo el día liados para sentimos imprescindibles y darnos valor a través de ello.

  • «Si aprenden mucho se irán a la competencia».

Nadie en su sano juicio y en condiciones normales se irá a la competencia si logras hacer que esa persona se sienta reconocida y valorada dentro de tu empresa.

  • «Tardo menos en hacerlo yo que en enseñar a otro».

Es lógico que cuando delegues alguna tarea a alguien tengas que dedicar un tiempo a explicarle cómo realizarla o qué objetivos perseguís, pero si quieres tener un modelo de negocio más rentable y estable debes empezar a pensar en el medio y largo plazo, no sólo en lo inmediato. Delegar es una inversión que haces en el presente para obtener una rentabilidad en el futuro.

  • «Si ellos hacen todo, ¿qué hago yo?».

Finalmente, cuando los miedos y las escusas van cayendo suele aparecer esta escusa. Una de tus funciones como líder-coach que deberías incluir en tus actividades de alta rentabilidad para la mejora de los resultados de tu empresa debería ser la de pensar cómo mejorar tu negocio, cómo generar nuevos productos o servicios, cómo desarrollar a las personas que forman parte de tu equipo. Y ésta es precisamente tu función como empresario.

Piensa en cualquier gran empresa. ¿De verdad crees que para llegar tan lejos no han tenido que arriesgar y superar sus miedos a delegar?

Puedes seguir haciendo las cosas como hasta ahora o empezar a confiar más en ti mismo como líder de un equipo, en las personas y colaboradores que forman parte de tu empresa y ver qué sucede. Delega, suelta preocupaciones, suelta querer tener el control absoluto de tu negocio, suelta tus miedos.

Recuerda, delega responsabilidad, no sólo tareas. Consensua los objetivos que se persiguen como empresa con tus colaboradores. Establece mecanismos de supervisión y mantén reuniones periódicas con tu equipo para evaluar el buen funcionamiento de las tareas delegadas. Observa si sucede algo distinto en el entorno laboral y en los resultados.

¿No te parece ésta una forma de trabajar mucho más motivadora y estimulante para ti y para tus colaboradores que la forma en la que actualmente estás desempeñando tus funciones como empresario?

Tu negocio crecerá sólo hasta dónde tú estés dispuesto a crecer y desarrollarte. Piénsalo.

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