El nuevo paradigma educativo

 En Coaching personal, Desarrollo profesional, Educación

Hoy en día está habiendo un cambio de paradigma en la educación. Estamos pasando de la era industrial a la era del conocimiento, de una educación orientada al tener y al consumo, a una educación orientada al bienestar, que no es otra cosa que estar bien con uno mismo. Pasando de una educación centrada en estimular el hemisferio izquierdo racional del cerebro a otra donde se trabaja también el hemisferio derecho emocional.

Todos coincidimos en la importancia que tiene la educación. Se invierten un montón de recursos en ello con el fin de mejorarla pero ¿hasta qué punto la escuela de hoy nos ayuda a desarrollarnos como personas individuales y colectivamente? ¿De qué nos han servido 16 años de sistema educativo industrial obligatorio? Y después ¿las universidades realmente nos preparar para la vida? La realidad es que en el actual sistema educativo aprendemos muy pocas cosas que nos sirvan para afrontar los retos que nos esperan.

Actualmente nos encontramos ante un sistema centrado en la acumulación de títulos y en los contenidos, pero ¿quién nos ha enseñado a tomar nuestras propias decisiones, a valernos por nosotros mismos, a resolver nuestros conflictos emocionales, a relacionarnos de forma sana? Acaso no nos hubieran sido más útiles todas estas enseñanzas para que en caso de que nuestro entorno no sea lo más favorable, supiéramos como gestionar y lidiar con ellas.

“Estudiar no es un acto de consumir ideas, sino de crearlas y recrearlas»

Paulo Freire 

Sabemos que el ser humano es un ser emocional a pesar de que nos creamos muy inteligentes y racionales. Nuestro sistema neocórtex ha sido el último en desarrollarse y ahora sabemos que estamos más influenciados por nuestras emociones que por ninguna otra cosa. Somos seres que necesitamos cariño, amor, reconocimiento y aceptación.

Todo el mundo habla de paz y cooperación pero paradójicamente se nos ha estado educando para la competitividad y el individualismo. Ahora nos dicen que no sabemos trabajar en equipo.

La adquisición de conocimientos se ha basado en la memoria y en la repetición y muy poco en los intereses del alumno o en facilitar el cuestionamiento y el entendimiento, convirtiéndonos en meros repetidores de cosas que se dan por ciertas. De este modo aprender se convierte en un proceso difícil y tedioso donde es complicado aprender puesto que solo aprendemos de verdad cuando algo nos interesa, el resto son ideas, conceptos que se olvidan al poco tiempo. ¿Acaso recordáis muchas de las cosas que aprendisteis en la escuela? ¿Qué utilidad han tenido en vuestras vidas?

El verdadero aprendizaje solo puede estar fundamentado en el interés, la voluntad y la curiosidad del alumno y esto se origina más allá de las fronteras de la razón. Es mucho más que analizar o comprender conceptos, implica un profundo proceso donde se crean relaciones entre la persona y el entorno.

La educación es un proceso de descubrimiento, no de aprendizaje de “verdades” impuestas por un sistema o una organización. Se trata de inspirar, hacer pensar, cuestionar lo que se aprende. Este proceso a veces incluirá un desaprender para volver a aprender. Como podéis intuir es un proceso que no tiene fin, porque el conocimiento evoluciona y el aprendizaje debe ser continuo.

“La educación ayuda a la persona a aprender a ser lo que es capaz de ser»

Hesiodo

Del sistema educacional del que venimos nadie nos habló de inteligencia emocional. Y las emociones sí importan. La educación no puede ser adiestramiento, adoctrinamiento, condicionamiento o disciplina. Adiestramiento para la escuela, para el instituto, para la universidad, para el trabajo, incluso para la vida. Esto parece que hoy en día tiene poco sentido.

La educación y la formación en cualquiera de sus niveles debe basarse en ayudar a producir el desarrollo del potencial de una persona. Para hacer eso tenemos que conocer a la persona, ver sus potencialidades para así poder extraer todo su potencial. Educar tiene que ver con inspirar, estimular, observar y acompañar en ese proceso.

Para hacer esto necesitamos educadores y formadores que miren con otros ojos la educación y a las personas, que hagan las cosas de otra manera, que se centren más en la persona y menos en los contenidos. Personas conectadas consigo mismas y sus emociones. Personas que se hayan cuestionado todas estas cosas en ellos mismos, que sean capaces de entender este nuevo paradigma porque primero lo han experimentado y comprendido en ellos mismos. En definitiva necesitamos educadores y formadores transformados que puedan dar vida a este nuevo paradigma educativo. Resulta realmente estimulante ¿no crees?

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