La conquista de la responsabilidad personal

 En Desarrollo personal, Liderazgo

A todos se nos llena la boca de esta palabra: «Responsabilidad», pero ¿realmente sabemos qué implica? Muchos emplean la palabra como sinónimo de seriedad, madurez, sensatez, incluso a veces es entendida como obligación: «Hay que ser responsable».

La responsabilidad implica algunas de esas acepciones pero sobre todo implica el hecho de que somos responsables de las decisiones que tomamos en nuestras vidas, en nuestros trabajos, en nuestros proyectos, en nuestras relaciones.

Estamos tan acostumbrados a echar la culpa a otro de las cosas que nos suceden en nuestro día a día que perdemos la perspectiva de este tipo de responsabilidad. La verdad es que, como decía mi abuela: «¡Qué bueno es tener a alguien a quien poder echar la culpa!».¡Qué bien se queda uno y qué bien duerme! De esta forma evitamos asumir nuestra realidad, que es que nadie más es responsable de aquello que hay en nuestras vidas que nosotros mismos. Somos responsables de nuestra felicidad, pero también de nuestro sufrimiento. Dolorosísimo asumir esto, sin duda.

Una persona mínimamente despierta a esta concepción de la responsabilidad ha dejado de culpar a los demás de lo que le sucedió en el pasado o de lo que le sucede en el presente. Asume la responsabilidad de lo que le sucedió y le sucede y de cómo se relaciona con ello, pues en último extremo éste es su último reducto de libertad para elegir su actitud frente a los hechos. Una persona que ha asumido su responsabilidad personal se queja poco y toma acción frente aquello que le gustaría cambiar y depende de él o ella.

A menudo los sistemas de protección en los que nos hemos visto envueltos nos han quitando de alguna manera esa responsabilidad y nos hacen creer que serán otros los que vendrán a salvarnos cuando estemos en apuros. Pero la realidad es que esta actitud a lo único que nos lleva es a perder la confianza en nosotros mismos, en nuestras capacidades y recursos, además de lastrar nuestra motivación y en último extremo nos incapacita para asumir nuestra responsabilidad personal.

Nada de lo que intentemos en nuestras vidas o en nuestros negocios tendrá resultados satisfactorios a menos que decidamos aceptar la responsabilidad personal de lo que sucede en nuestras vidas y en nuestros negocios. Estamos demasiado acostumbrados a culpar a otros por nuestras debilidades, por nuestros fracasos y por nuestros miedos. Así, los alumnos culpan a los profesores, los hijos culpan a los padres, los empleados culpan a sus jefes, los jefes culpan a sus superiores, los criminales culpan a la sociedad y todos nosotros culpamos al Gobierno. Y el Gobierno culpa al mercado.

Cuando perdemos tiempo y energía culpando a otros por nuestros fracasos y por quienes somos, sea cual sea el problema, no nos queda energía para mejorar y desarrollarnos personal y profesionalmente.

Hazte cargo de tu vida, puedes hacer con ella lo que desees.

Platón (427-347 a. C.)

Culpar a otros, revivir los fracasos y los errores del pasado son sólo medios para evitar asumir nuestra responsabilidad personal. No podemos regresar al pasado, lo único que nos queda es asumir los errores y aprender de ellos para no volverlos a repetir. Aún cuando tus padres, tus profesores o tus jefes sean responsables de lo que ocurrió en el pasado, solamente tú eres responsable de en quién te quieres convertir aprovechando todas esas experiencias y aprendizajes.

No se trata de que asumas la responsabilidad de los demás. Cada persona tendrá que asumir su propia responsabilidad. Lo que hicieron los demás y que te afectó de alguna manera es responsabilidad de los demás, aunque siempre te quedará la decisión de interpretarlo de la manera que menos daño te haga, porque lo que sí es tu responsabilidad es cómo te relacionas con eso. Eso sí depende exclusivamente de ti. Debes aprender a aceptar responsabilidad por tus sentimientos y emociones.

Si sientes miedo, si sientes dudas, si te sientes desanimado o enfadado, nadie más que tú es responsable de esos sentimientos. Si estos son provocados por determinadas circunstancias o determinadas personas, el cómo te sientes con respecto a eso depende de ti. Por eso no todo el mundo reacciona igual ante las mismas situaciones. Nadie te puede hacer sentir de una determinada manera sin tu consentimiento y a menudo, lo que alguien opina de ti, tanto cuando lo calificamos de positivo como cuando lo calificamos de negativo, dice más de la persona que lo dice que de ti mismo. Recuerda, no es tanto lo que sucede, sino cómo te relacionas con lo que sucede donde está la clave.

Cuando no podemos cambiar la situación a la que nos enfrentamos,

el reto consiste en cambiarnos a nosotros mismos.

Viktor Frankl

Estamos tan acostumbrados a echar la culpa a otros de lo que nos sucede que ante este nuevo cambio de actitud, al reconocer que nadie más que nosotros es el responsable de lo que hacemos con lo que nos pasa, la tendencia a partir de entonces suele ser echarnos la culpa a nosotros mismos. Necesitamos encontrar un culpable. Antes machacábamos a los demás para liberarnos de la culpa y ahora nos machacamos a nosotros mismos culpándonos. Esto es parte del proceso, y debemos aprender a no castigarnos a nosotros mismos, y darnos cuenta de que son etapas que debemos ir superando poco a poco a medida que tomamos conciencia del juego interior de buscar culpables, aceptando y comprendiendo que los errores son necesarios para aprender.

Debemos aprender a asumir la responsabilidad de forma sana. Para ello es necesario asumir que nadie tiene la responsabilidad de sostenernos cuando somos adultos, sino que somos nosotros los que nos tenemos que sostener a nosotros mismos. Nuestra libertad e independencia emocional depende también de aprender a ser felices y estar bien por nosotros mismos. Ésta es la conquista más difícil pero también la más necesaria para nosotros.

La libertad conlleva responsabilidad,

por eso a la mayoría de las personas les aterroriza.

George Bernard Shaw

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